Un CuEnTo
11 de 07 de 2005
He entrado aquí con la intención de contar algo, pero como no se me ocurría nada interesante, he decidido que voy a poner un cuento, que no es mio por supuesto, jejej. Se llama El otro Yo y es de Mario Benedetti.
EL OTRO YO
Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la naríz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.
El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse imcómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.
Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañama siguiente se habia suicidado.
Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.
Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió a la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas.
Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte y saludable».
El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.
Espero que os haya gustado....
Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la naríz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.
El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse imcómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.
Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañama siguiente se habia suicidado.
Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.
Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió a la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas.
Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte y saludable».
El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.
Espero que os haya gustado....









No sé por qué, porque no tienen nada que ver, pero me ha recordado a esto...
La nave del crepúsculo
Era un chico con ojeras moradas,
caído en el suelo de un portal de Chueca. Un caserón
enorme, feo.
Lloviznaba en la noche. El frío era impropio de la época.
¿Necesitas algo? Estaba muy pálido.
Los vaqueros en ruinas. Manchas en las manos. Una pupa
en los labios.
¿Puedo ayudarte?
Estoy en el polo sur. No te preocupes.
Es un barco lleno de viejos, hacia el polo sur...
El cielo es blanco y el mar es blanco.
Las olas no hacen ruido. Y la tierra no zumba.
Es el barco de los viejos vestidos de blanco.
Me gusta ¿sabes?
Estás en la vida pero ya no hay vida.
Sólo el mar blanco. Eternamente blanco hacia el polo sur...
¿Qué más, incluso tú, puedes pedir?
Puess si que me ha gustado mucho GaTuSa!!! Además he añadido a marcadores como te dije la bibleoteca digital de cuentos y la voy a ojear a ver que me parecen ;) Espero que todos estén tan interesantes como éste o más. Ahora voy a leer un rato el libro de "Los renglones torcidos de Dios". Ciao Besos :)
Me alegro de que te haya gustado GaTuSo, jeje. Y bueno, a ver si te terminas el libro y me lo pasas!!! Besitos.
Shema, gracias por dejar comentarios, jeje.
Confuso pero interesante La nave del crepúsculo..